La valoración del arte: Mercado, prestigio y expectativa

“Es el gran pintor de su generación” “La obra musical más sublime de la historia” “La mejor comedia francesa del año” Estamos muy habituados a escuchar este tipo de afirmaciones sobre el arte, parece que muchas veces tenemos que calificar las obras o a los artistas en términos competitivos y siempre en relación a otros pero ¿Sirve esto realmente para algo? En términos de marketing seguro que sí funciona pero quizás no está beneficiando a la obra artística ni a la percepción del arte por parte de la sociedad. En las siguientes líneas voy a reflexionar sobre la valoración del arte, su uso en el marketing, las expectativas y los mecanismos de clasificación que se usan a menudo fruto de una sociedad capitalista competitiva.

Estos posibles titulares con los que hemos empezado se centran en crear unas expectativas sobre lo que vas a ir a ver, escuchar o sentir, esto son la punta del iceberg de los mecanismos que se han usado a lo largo de la historia para construir un canon de lo que es bueno en el arte. Aspectos como el marketing, la crítica o el contexto social de cada momento histórico determinan el prestigio de cada actividad creando un modelo que determina lo que tenemos que disfrutar y clasifica al arte. Esta clasificación y valoración será algo diferente según el contexto pero en base se comparten dos parámetros para medirlo: el grado de aceptación por la academia, entendida ésta, como personas a las que hemos delegado la creación de opinión y seguimiento del público o su fama. De esta forma estamos delegando en muchos casos nuestra responsabilidad de valorar cada obra de arte por nosotros mismos.

Aceptamos que si lo conozco y lo he estudiado en historia del arte en el instituto Sandro Boticelli es bueno y me tiene que gustar, si no soy un inculto que no sabe apreciarlo. Si las gerencias de las grandes orquestas deciden programar cada año y le gusta a mucha gente  la 9º sinfonía de Beethoven es la gran obra musical del siglo XIX y si El Padrino ganó muchos Oscars y tiene muy buena nota en Filmaffinity es la mejor película de la historia. Partiendo de la base de que no hay nada absoluto en cuanto al arte es fácil desmontar las afirmaciones anteriores analizando los factores no artísticos que han potenciado la fama o el prestigio de las obras o artistas citados. A Boticelli lo estudiamos en el colegio porque es europeo, hombre, blanco y era amigo de los Medicis, familia rica de mecenas muy influyentes durante el Renacimiento. A Beethoven se le programa por razones parecidas a Boticelli (Europeo y hombre blanco) además de por ser una sinfonía que está en el repertorio de cualquier coro e instrumentista y esto hace que sea mucho más práctico programarlo. Sin entrar demasiado en la musicología germánica que ha creado el canon de la música clásico-romántica en donde Beethoven es el modelo con el que medir cualquier creación artística. El Padrino ganó el Oscar a mejor película porque tenía una gran distribuidora detrás que hizo una campaña no solo para que los académicos la votaran sino para que se viese en muchos cines. La narrativa creada a lo largo de los años respecto a la película sería otro tema para analizar con calma pero es indudable de que es un factor importante para que tenga un 9 en Filmaffinity.

En los ejemplos anteriores sobrevuelan varios términos sobre los que me parece interesante reflexionar para profundizar en la tesis de que estamos valorando de forma general aspectos que son personales en las obras de arte asumiendo unos cánones impuestos.

Marketing

El arte hoy en día tiene mucho de industria y como tal, se rige en muchos aspectos en términos mercantilistas. Por lo tanto a la hora de valorar el arte creo que es interesante tener la perspectiva de que si estamos viendo, escuchando o sintiendo una obra de arte es porque alguien ha tenido las herramientas necesarias para poder hacérnosla llegar y no tanto porque esa obra tenga más valor para estar delante nuestra que otra que no ha llegado. Estas herramientas en muchos casos están muy alejadas de habilidades artísticas pero son las que determinan que una obra exista para nosotros o no. Muchas veces en esta intención de querer llegar al público se crean mecanismo de competitividad que fomentarán esta clasificación entre obras. Desde aquí podemos deducir cómo se va construyendo todo y hace que unas obras de arte adquieran más prestigio que otras. Partiendo de la base de que el objeto artístico que se vende va a conectar con nosotros y nos hará sentir emociones, porque en realidad se hace mucho arte que conecta con nuestra realidad y que nos ayuda a hacer la vida un poco mejor, es muy difícil juzgar negativamente algo que tenga un gran prestigio social. Esto no me parece un problema, lo negativo de crear estas dinámicas mercantilistas viene cuando establecemos esta idea de jerarquización y dejamos de lado o menospreciamos muchas obras de arte que no nos han sabido vender tan bien sin darles tan siquiera la oportunidad para que conecten con nosotros de una manera más profunda. El paradigma de mecanismo de marketing para crear prestigio son los premios. Ya sean premios de la industria como los Oscar, Grammy o Tony o formatos diferentes como los concursos de interpretación musical, festivales de cine o incluso me atrevería a decir las subastas de arte. Todos ellos se han convertido en la actualidad en el mayor mecanismo para determinar el valor del arte y sentar dogma sobre éste. Sin embargo tenemos claro que elegir un disco del año o la mejor interpretación no tiene ningún sentido ni va a fiel a la realidad. Los premios no son más que una forma de visibilizar algunas obras de arte como si fueran productos de consumo. El problema una vez más son todas las obras que se invisibilizan por crear esta estructura tan vertical dejando fuera a muchas de ellas.

Contexto político social

Hemos dicho que en la época actual las herramientas de marketing tienen mucho peso en el arte pero muchas veces se nos olvida que esto no solo define a nuestra época sino que ha sido así durante cualquier periodo histórico. Esto que definimos como contexto político social  de cada época se resume en saber quién tenía las herramientas en cada periodo histórico para hacerte llegar su trabajo artístico. Si miramos a la historia del arte que nos llega a día de hoy y que tomamos como referente vemos que está plagado de obras artísticas realizadas por europeos, blancos, hombres y de una clase social acomodada. Esto no quiere decir que solo ellos se dedicaran al arte sino que solo ellos eran capaces de poder sacarlo de su casa y enseñárselo a un público. Por supuesto hay excepciones dentro del canon de artistas que no entrarían en alguna de las características anteriores y por supuesto hoy en día hay muchos historiadores del arte o musicólogos que hacen activismo en contra de eso recuperando figuras olvidadas por la convención del arte. Aquí llegamos a otro punto clave, el de intentar reflexionar sobre quién decide qué obras pasan a la historia y cuáles no. Aquí encontramos a una élite intelectual que ha copado lo que podemos llamar la academia o la crítica y que se parece sospechosamente a las características de artistas que hemos comentado antes, hombre, blanco, europeo y de clase acomodada. Hemos delegado la función de establecernos cuál va a ser el canon y la referencia por la que medir y juzgar las obras artísticas a esta élite. En esto último en mi opinión está el gran engaño, se han creado unas reglas del juego concretas que se han disfrazado de objetividad y que han creado una escala de valores basada en coger como modelos a autores concretos que servirán para juzgar a todos los demás en comparación a estos. Esta idea de objetividad creo que no tiene ningún sentido en el arte porque la relación con las obras es algo muy personal y único y justamente esto es lo que hace tan especial al arte, la idea de intimidad con algo que nos emociona. Por ello muchas veces se echa mano del concepto de calidad.

Calidad

Como iba adelantando, el concepto de calidad para referirse a una obra de arte muchas veces me resulta contradictorio a pesar de que reconozco que yo mismo lo uso en ocasiones. El término calidad viene a describir el grado de cumplimiento de unas características estandarizadas de un producto o acción concreta. Como decíamos, la idea de uniformizar unos criterios determinados para valorar una obra es la que me mete en mayores contradicciones. Si nos referimos a cualquier objeto como de buena calidad nos referimos a él como idóneo para la función que desempeña. Es decir un cuchillo será de buena calidad si corta bien, si lo puede hacer durante mucho tiempo y si es cómodo de utilizar. Para conseguir todo ello tendrá que tener unas características de construcción concretas, los materiales tendrán que ser los idóneos y el diseño del producto eficiente. Sin embargo, para juzgar la calidad de una obra de arte se está haciendo muchas veces un juicio de valor de la propia utilidad o su objetivo. Pongamos como ejemplo las novelas bestseller con una voluntad de escritura sencilla y consumo fácil consideradas de menor calidad justamente por la búsqueda de este objetivo. Aquí juzgamos la función en sí misma más que el grado de obtención de ella. La utilidad de un libro o una escultura no es algo tan concreto como la utilidad de un cuchillo, por lo que es muy difícil determinar su calidad en cuanto a si está sirviendo para lo que están concebidas pero creo que no podemos perder esto de vista al usar este término. Otro aspecto que se tiende a juzgar dentro del concepto de calidad por encima de la funcionalidad son justamente las características de construcción o materiales. Por ejemplo, una interpretación de una obra musical se considera por lo general de calidad si se usa un sonido bonito, se tiene una técnica depurada y se usan muchos recursos expresivos musicales a pesar de que no cumpla la función pretendida de esa obra de arte. Por otro lado si observamos una película, por lo general de bajo presupuesto, en donde la imagen no es HD, el sonido no es nítido y notamos la falta de naturalidad de los actores se determinará como de baja calidad a pesar de que nos haga reflexionar sobre temas o nos emocione. Volvemos a la idea de que el concepto de calidad muchas veces se basa en mayor o menor coincidencia con los modelos establecidos por una élite cultural y social a la que hemos erigido como nuestros referentes.

Expectativa

Aunque parezca que el término de expectativa se salga un poco del tema me parece interesante reflexionar sobre ello en relación a todo lo comentado anteriormente ¿Nos parece buena una obra artística por nuestro propio criterio o aquella que nos han dicho que es buena? Cuando vamos a ver un concierto con la vitola de ser el mejor pianista del mundo nuestra actitud hacia ese momento va a ser muy distinta a si vamos a ver el concierto en una pequeña sala de nuestra ciudad donde toque algún artista local del que no sabemos nada. Esta predisposición va a condicionar tanto nuestra experiencia que me pregunto el porcentaje de público que sería capaz de distinguir al artista si nos los intercambiasen. Con esto no quiero decir que el público sea tonto sino que en realidad cada artista nos está dando algo bello por sí mismo sin comparación a otro y el punto desde donde escuchamos va a condicionar nuestra experiencia. Si seguimos con el ejemplo del piano podríamos coger a dos pianistas con un tratamiento y alcance totalmente distinto: James Rhodes y Krystian Zimmermann. Dependiendo del grupo de personas a las que preguntemos los dos pueden ser considerados como “el mejor pianista del mundo” o un pianista mediocre y desconocido indistintamente. Esta idea preconcebida sobre ellos por el público condicionará muchísimo la percepción del concierto pero la realidad es que los dos están haciendo algo bello que conecta con las personas aunque un estudiante de piano solo pueda escuchar lo sucio que toca Rhodes y olvidarse de todo lo bello que nos está transmitiendo mientras que una persona que no está habituada a asistir a un festival de música clásica solo pueda ver lo frío que resulta el ambiente y lo distante que se muestra Zimmermann. Esto pasa con todo, tenemos una tendencia a acercarnos con prejuicios hacia muchas obras artísticas y terminamos teniendo una especie de sesgo de confirmación justamente por enfrentarnos a las obras de arte con la idea de reconocer  algo previamente aprendido y no de conocer o descubrir algo nuevo. Esta actitud en muchas ocasiones viene derivada de querer valorar y clasificar nuestras experiencias en una jerarquía vertical. Otro ejemplo paradigmático de esto lo observé cuando durante un tiempo empecé a analizar cómo visita gran parte del público los museos o exposiciones pictóricas. En la gran mayoría de los casos las miradas se dirigen antes a la cartela con la información del cuadro que a la propia obra. Dependiendo de si en la cartela pone Picasso, Juan Gris, Ángeles Santos o un autor desconocido para ellos se establecerá jerarquía que determinará el tiempo que se pasará delante del cuadro o incluso si el cuadro va a merecer sus miradas. Por supuesto unas expectativas demasiado altas pueden perjudicar el disfrute de la obra cuando éstas no se ven cubiertas por lo que crear una gran expectación no siempre repercutirá de forma positiva en la experiencia artística.

Una vez más espero haber podido reflexionar sobre este tema que entiendo que en muchos casos puede ser algo polémico pero lo que buscaba con esta reflexión es poner en valor el juicio de cada uno, desacralizar las obras de arte para no tener complejos hacia lo que nos transmite y sobre todo invitarnos a descubrir nuevas experiencias artísticas. Por supuesto va a ser difícil que a nivel usuario vayamos al archivo de un convento a buscar poemas escritos por alguna monja que residía allí en el siglo XVI pero sí podemos echar mano de iniciativas que nos están acercando muchas obras de arte invisibilizadas y poder experimentarlas sin prejuicios. Proyectos como el Mapa de creadoras de historia de la música de Sakira Ventura, la plataforma de cine Filmin o el Teatro de Barrio en Madrid son buenos ejemplos de espacios que nos dan herramientas para descubrir diferentes obras artísticas. Que sirvan para contrarrestar a todos los hombres blancos occidentales de clase acomodada que se han puesto de ejemplo durante el artículo.

Todo comentario, crítica o sugerencia de iniciativas que estén ampliando la mirada hacia el arte son bienvenidas. Como siempre digo, estos artículos se hacen más desde la duda que desde la certeza.

2 comentarios en “La valoración del arte: Mercado, prestigio y expectativa”

Deja un comentario