Cine español 2022: Empatía, colectivización y diversidad

Durante los últimos meses se está hablando mucho del gran año del cine español, tanto a nivel de taquilla como de visibilidad de las películas en festivales internacionales. Me parece especialmente interesante que se esté llegando a este nivel de reconocimiento bastante general justamente cuando las películas más comentadas que nos han llegado tienen un claro trasfondo político y social. Además, creo que por un lado, se alejan del tipo de historias y realidades que estamos acostumbrados a ver en la ficción y por otro se están contando historias desde diferentes ópticas. Seguramente esto haya hecho que nos hayamos sentido identificados en muchas de ellas, que nos hayamos sorprendido por ver nuestra realidad desde otro punto de vista y que hayamos descubierto la diversidad que puede haber en nuestro entorno. A continuación voy a ir comentando aspectos sociales, políticos o culturales que se tocan en las películas que más me han llamado la atención para justificar por qué  a mí también me parece que ha sido un año bonito del cine español, más allá del público que haya ido a ver las películas o los premios que han conseguido en festivales internacionales.

Uno de los temas de este año en las películas españolas ha sido sin duda el mundo rural. Encontramos dos películas espectaculares que afrontan diferentes realidades del entorno rural desde dos enfoques cinematográficos distintos pero con muchos puntos en común. Me refiero a Alcarràs (Carla Simón) y As Bestas (Rodrigo Sorogoyen). Lo que más me gusta de las dos películas es cómo interpela, cada una a su manera, al espectador más urbanita que o bien suele romantizar la vida del campo o suele tener prejuicios sobre la gente del entorno rural.

En As Bestas esta dualidad está en el centro de la trama, ya que vemos la relación entre un matrimonio francés que se ha mudado a una aldea de Galicia con los habitantes del pueblo. Está contado desde el punto de vista de los protagonistas franceses pero durante la película llegas a empatizar con todos los personajes. El conflicto parte de  la oferta que reciben los habitantes de una empresa de energía eólica para vender sus tierras. Gran parte de los ellos decide aceptar la oferta pero la pareja de francesa no, por lo que no es posible realizar la operación ya que o venden todos o no es posible hacer la obra que se pretende. Como decimos, la película está contada desde este matrimonio francés que practica agricultura ecológica y restaura casas abandonadas del pueblo para favorecer la repoblación de la zona, a ojos de un urbanita, serían una pareja ideal que está mejorando la vida de la aldea. Sin embargo, se crean una gran enemistad con las familias que llevan más tiempo viviendo en la aldea por no querer vender sus tierras y no darles la oportunidad de buscar otra forma de vida fuera del trabajo en el campo. Esto se personifica en una familia concreta que tiene una actitud muy agresiva sobre ellos. El primer planteamiento puede resultar bastante maniqueo con unos urbanitas muy buenos que van a mejorar la vida del pueblo y unos aldeanos salvajes y agresivos que no son capaces de apreciar la buena vida que tienen con la tranquilidad y la belleza de la montaña. Sin embargo, a lo largo de la película vamos viendo que no todo es tan simple y se van tocando y haciendo algunas reflexiones interesantes: El privilegio de poder elegir qué hacer en tu vida viene determinado por la clase y por el lugar de procedencia; la superioridad moral de la gente con estudios o de la ciudad creyendo tener más conocimiento sobre cualquier tema, incluso sobre un entorno ajeno a él; y la falta de empatía por todas las partes para llegar a un acuerdo, con el individualismo presente en todos los personajes incapaces de poder aceptar diferentes realidades. Todos estos conflictos morales y cómo se van desarrollando poco a poco son, en mi opinión, lo más interesante de toda la primera parte de la película.

En Alcarràs, con un estilo cinematográfico totalmente distinto encontramos también parte de estas reflexiones. En la película tenemos como protagonista a una familia que lleva trabajando varias generaciones en un una finca en la que viven hasta que el dueño del terreno decide que le sale más rentable usar ese terreno para poner una planta de placas solares. La película narra esa transición desde que se enteran que les van a quitar su forma de vida y su hogar hasta que esto se produce finalmente. Es muy interesante ver la reacción de cada uno de los miembros de la familia y como cada uno asume una actitud distinta, que nos da para entender muchos puntos de vista y reflexionar sobre la actitud humana. Una vez más encontramos la idea de la falta de privilegios, esta familia por mucho que quiera no tiene el privilegio de poder elegir qué hacer con su vida, ya que alguien con más privilegios, los dueños del terreno, deciden por ellos, a pesar de que a parte de la familia les parezca que su vida va a mejorar. Sin embargo, estas relaciones de poder también las vemos dentro de la familia. Los padres oprimidos por el dueño del terreno también ejercen ese tipo de dictadura hacia los niños más pequeños de la familia quitándoles en muchos casos los espacios más importantes para ellos. Es constante la metáfora a través de la historia de los niños de la pertenencia a un lugar y de cómo nos lo pueden arrebatar. Aquí, como en As Bestas, también encontramos esa interpelación al mundo urbano y se hace justamente con el fin que se le quiere dar a las tierras que van a arrebatar a la familia. Desde la ciudad abogamos por un desarrollo de las energías renovables y en concreto de la energía solar, sin embargo en muchos casos no valoramos la repercusión que tiene la implantación de plantas de paneles solares de manera. Esta película nos muestra en primer plano este conflicto haciéndonos reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos en la ciudad con el consumo de energía. No sirve solo con producir energía verde, ya que ésta también tiene una repercusión negativa, sino que la sostenibilidad vendrá con la reducción de consumo de energía. Es interesante como las dos películas abordan el conflicto de las energías renovables desde un punto de vista parecido colocando a las empresas de renovables como las malas de la película.

Tanto en Alcarrás como en As Bestas tenemos también otros temas interesantes que se tratan más allá de su contexto en el mundo rural. Se ponen en primer plano la naturaleza humana, las decisiones vitales y cómo afrontamos la vida desde un punto de vista personal. En As Bestas esto se reserva para la segunda parte de la película en donde se centra en la decisión tomada por la mujer francesa de la pareja y en cómo esta decisión repercute en la relación con su hija y sus allegados. Es maravilloso descubrir el camino recorrido, sentirnos sorprendidos pero ir comprendiendo su actitud llegando a un punto de empatía final a pesar de poder no compartir su decisión. De esta forma se completa la falta de empatía que acapara toda la primera parte de la película. En la segunda parte nos está dando, de alguna manera, la solución desde lo íntimo y lo personal de la falta de entendimiento entre las personas. Creo que la conversación entre estas dos caras de la película es lo que da mayor valor a lo que hace Rodrigo Sorogoyen en As Bestas. En Alcarràs lo íntimo está siempre presente, a pesar de colocarlo en el contexto que hemos hablado, las dinámicas de la familia y la relación entre las personas es lo que la hace interesante. En la misma película encontramos un muy buen retrato de la adolescencia, una reflexión sobre las relaciones de pareja o una muestra de la vejez y de ver cómo el mundo cambia y cada vez estás más alejado de él. Además de esto, también habla de los conflictos laborales desde una manera muy íntima, me parece muy inteligente cómo cuenta por un lado la situación de los agricultores en su relación con las empresas distribuidoras de alimentos y los abusos que sufren y por otro la situación de los trabajadores temporeros inmigrantes que trabajan para la familia en la recogida de melocotones. La manera de abordar estos conflictos sociales desde la naturalidad que caracteriza a la película es una forma muy original de presentarlos que hacen acercarse a ellos de una forma reflexiva por parte del espectador. A pesar de que Alcarràs toque tantos temas lo hace de una manera tan orgánica que la película no resulta recargada y sobre todo deja mucho espacio a la reflexión e interpretación del espectador, no necesita remarcar cada idea sino que toca las teclas idóneas para que con una simple mención de algunos temas deje espacio para una reflexión muy profunda.

Otro de los titulares que está dejando este año es el peso de las directoras mujeres y el espacio que están tomando para poder contar el mundo desde otra óptica. Aunque aún haya mucho trabajo por hacer, creo que este año se ha dado un paso adelante con películas que no se presentan como “cine para mujeres”, como si una mujer solo pudiera dirigirse a las mujeres y los hombres lo hicieron de manera universal. Dos buenos ejemplos de ello son Cinco Lobitos (Alauda Ruíz de Azúa) y La Maternal (Pilar Palomero). Son dos películas que hablan de la maternidad desde puntos de partida bastante diferentes y mostrando familias de diferente procedencia social pero es muy interesante como las dos muestran cómo la sociedad lleva a las mujeres a tomar unas responsabilidades que no exige a los padres y cómo la experiencia de la maternidad repercute directamente en la relación con sus propias madres.

En Cinco lobitos se muestra a una pareja asentada de clase media acomodada que tiene un embarazo buscado y en donde tienen un apoyo material grande de la familia. Sin embargo, la película nos muestra de una manera muy cruda los sacrificios y las renuncias que tiene que hacer la protagonista en contraposición del padre. De esta manera interpela de manera directa a todos aquellos hombres que pretendemos ser aliados feministas pero que nos cuesta mucho renunciar a nuestros privilegios cuando realmente hace falta. Es muy interesante cómo muestra la dejación de funciones del padre y cómo es en la madre en quien recae toda la responsabilidad del cuidado. Alauda Ruíz de Azúa muestra esto de una manera muy orgánica y natural empezando por una oportunidad profesional para el padre que es imposible rechazar y dese ahí se desencadena todo lo comentado. Nos damos cuenta que es una historia vivida muchas veces pero en esta película está tan bien enfocada desde la mirada de la madre que es imposible no darte cuenta del sinsentido de esa actitud desde el principio. Se muestra una actitud habitual pero desde la película no se normaliza y este me parece que es uno de los grandes aciertos de la película en este tema. Sin embargo, lo realmente interesante de la película viene cuando la protagonista, al no tener apoyo del padre decide mudarse una temporada a la casa de sus padres y comienza a retomar una relación más profunda con su madre. De repente, con todo lo que está viviendo a raíz de su maternidad y la respuesta del mundo que le rodea respecto a ella, siente una cercanía con su madre y entiende muchas de sus actitudes en el pasado.

En La Maternal tenemos un caso bastante diferente, la protagonista es una niña de catorce años de clase obrera que vive sola con su madre en una situación de precariedad en muchos aspectos, que se ha quedado embarazada sin buscarlo y para cuando se da cuenta de ello es demasiado tarde para poder plantearse el aborto. La falta de recursos humanos y materiales hace que decida ir a un centro de acogida para madres adolescentes en donde poder pasar las últimas semanas del embarazo y los primeros meses de crianza del niño. Como vemos la situación vital de las dos protagonistas de las dos películas es muy diferente pero aquí vemos una vez más como el padre no asume la responsabilidad, totalmente comprensible, tiene catorce años también, pero a la madre no se le deja la opción de desprenderse de la responsabilidad mientras que a él sí se le deja. En la película se ve el camino que recorre la protagonista en esa toma de responsabilidad, en su rechazo a querer tomar un rol que no le corresponde para su edad y en cómo la sociedad, trabajadores sociales o entorno le lleva a tener que hacerlo. Como en Cinco lobitos, esto repercute en la relación con su madre, que también fue madre adolescente. Por un lado se representa la necesidad de apoyo que necesita la protagonista como adolescente en proceso de formación de su personalidad, por otro, se crea un vínculo cuando madre e hija se sienten identificadas con esa sensación de asumir un rol que no les correspondía para su edad y momento vital.

En resumen, creo que Cinco lobitos y La Maternal son dos películas que se completan en esa idea de cómo en esta sociedad la maternidad es un evento vital que cambia por completo la forma de vida de una mujer mientras que la paternidad se sigue considerando un momento secundario en la vida del hombre que no siempre influirá en un cambio de vida de base. Se muestra el privilegio del hombre como algo estructural y transversal a toda clase e ideología, invitando a la reflexión sobre cómo gestionar y no aprovecharse de estos privilegios en detrimento de otras personas. Además, en las dos películas vemos una vez más una alabanza a la empatía mostrándonos la sororidad entre mujeres que viene determinada en muchos casos por haber vivido experiencias similares a pesar de la diferencia de generación, clase o entorno social.

Además de estas dos películas también encontramos en la filmografía española de este año otra película que trata esta idea de la sororidad intergeneracional y que me parece otro de los grandes debuts de este año, se trata de El Agua (Elena López Riera). En esta historia se habla de la conexión entre las mujeres de forma metafórica con una historia en forma de cuento con tintes de realismo mágico muy sugerente y que a mí personalmente me cautivó.

Quizás si hablamos de cine social más clásico En los márgenes (Juan Diego Botto) representa su máxima expresión. Todos sus elementos están enfocados a dar una imagen casi periodística de la realidad de los vecinos de un barrio obrero madrileño. A diferencia de muchas películas o series que dicen relatar la clase trabajadora, en esta película te sientes identificado por muchos motivos. Por un lado la fotografía no romantiza el barrio, creando una imagen gris y hasta con algo de grano, por otro lado, la dirección de arte nos muestra casas que podrían ser las nuestras y sobre todo, el guion consigue entrelazar diferentes factores que hacen de la clase algo estructural, a pesar de que esto haga que como historia narrativa de ficción a veces caiga un poco el ritmo. A pesar de que la película toma como eje vertebrador el problema de la vivienda muestra como la clase obrera viene definida por una realidad que es multifactorial y esto se muestran tanto en las causas externas que dificultan la vida, tales como las cláusulas abusivas de las hipotecas y los precios de los alquileres, las dificultades burocráticas de las personas migrantes o la explotación e inestabilidad laboral, como en las consecuencias de estas causas externas como  la dificultad en la conciliación familiar y el cuidado de personas dependientes, la pobreza energética y alimentaria o la salud mental. Nos da un panorama bastante amplio de la realidad pero también hace un buen repaso de los mecanismos de apoyo que existen, tanto a nivel público y estatal como a nivel vecinal y de organización ciudadana. En la película se denuncia lo insuficiente de los mecanismos de apoyo estatales ya que se ven unos servicios sociales desbordados que muchas veces tienen que dejar de lado a muchas personas. Junto con esto se hace una reivindicación del trabajo colectivo, no solo en cuanto a lucha política y social, sino poniendo en valor la colectivización como única forma de poder vivir en sociedad. Me parece muy interesante como se aleja del cine más habitual en donde siempre hay un héroe que soluciona todo el conflicto de una manera individualizada. En este caso vemos un rechazo total a la individualidad encarnado en el personaje principal interpretado por Luis Tosar, un abogado volcado en diferentes movimientos sociales del barrio que quiere tomar ese rol de héroe, queriendo solucionar los problemas de todos los vecinos él solo. Sin embargo, al final de la película vemos que tan solo ha podido llegar a ayudar a alguna de las personas y por este afán ha descuidado a sus seres más cercanos a los que ha causado problemas y que no necesitaban ninguna heroicidad sino un simple acompañamiento en la vida. En contraposición a esto, vemos decenas de ejemplos de acciones colectivas redes de apoyo mutuo que tienen una efectividad real en la ayuda conjunta a largo plazo. Me parece que la película es a partes iguales un retrato bastante acercado de la clase obrera y una oda a la colectivización.

En relación a la idea de colectivización y apoyo mutuo horizontal, me parece importante hablar de una forma de hacer cine que me parece un ejemplo perfecto tanto de colectivización como de entender el arte como un proceso con valor en sí mismo. Se trata de la productora Los Ilusos creada por Jonás Trueba y el equipo con el que suele trabajar. Este año ha presentado su película Tenéis que venir a verla (Jonás Trueba) que me parece maravillosa pero lo que me apetece destacar no es tanto el resultado de la película sino el proceso de creación. Lo que hacen Los ilusos en todas sus películas desprende cariño hacia su trabajo, un proceso horizontal y un cuidado por todas las personas. Me queda pendiente hacer una reflexión sobre su forma de trabajar y cómo esto se refleja en las películas pero me da la sensación que aunque no hubiese una película como resultado final, el mundo es un poco mejor porque haya personas trabajando de la forma que lo hacen en Los Ilusos. Por no alargarme más aquí lo dejo pendiente para otra entrada, pero me parecía interesante mencionarlo por dar importancia también al proceso de creación dentro de la idea del cine como elemento transformador de la sociedad.

Por último, no quería dejar de mencionar otras dos películas que también me han parecido muy interesantes y que tocan otro de los temas más candentes en esta época, la salud mental. Son las películas Mantícora (Carlos Vermut) y Un año, una noche (Isaki Lacuesta) y en ellas se habla sobre la dificultad como sociedad de tratar algunos temas y cómo eso repercute directamente no solo a las personas afectadas sino a todo su entorno. Creo que son películas que mejor no destripar demasiado pero me parece muy interesante cómo Mantícora, hablando sobre la pederastia  o Un año, una noche sobre víctimas de un atentado terrorista, dejan mucho espacio a la reflexión sobre cómo la sociedad acompaña procesos o realidades que no nos gustan.

Todas las películas que hemos comentado, sobre todo, nos dan mucho espacio a la reflexión y nos enseñan diferentes realidades, lo que me parece que es la gran herramienta del arte o del cine en este caso. Quizás se echa en falta la propuesta de soluciones a través del arte, ya que prácticamente no se está dando ese paso en ninguna de las películas, pero me parece muy interesante que muchas de ellas nos interpela directamente y nos anima a repensar nuestra realidad.  Creo que en su conjunto sí hay una llamada a actuar pensando en nuestros vecinos y viendo cómo podemos construir una sociedad mejor con solo escuchar a todas las personas que estamos ignorando y empatizando con ellas.

¿Habéis visto las películas? ¿Compartís mi visión? ¿Qué otra película os parece importante resaltar en estos términos? Como siempre espero que esto sirva como punto de partida para el debate e intercambiar opiniones. Os dejo el listado de las películas aquí y dónde poder verlas:

Alcarràs: Filmin

As Bestas: En cartelera

Cinco lobitos: Filmin, HBO y Movistar

La Maternal: En cartelera

El Agua: Prox. Filmin

En los márgenes: En cartelera

Tenéis que venir a verla: Filmin

Mantícora: En cartelera

Un año, una noche: En pocos cines

2 comentarios en “Cine español 2022: Empatía, colectivización y diversidad”

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