La Semana Santa y su fuerza escénica

El lunes pasado estuve parte de la tarde y de la noche viendo procesiones de Semana Santa en Córdoba y me han surgido muchas reflexiones acerca de la capacidad que tiene la iglesia para la puesta en escena y la performance. Yo vivo la Semana Santa como un exotismo al que he intentado siempre acercarme sin demasiado prejuicio para poder entender mejor esta manifestación popular (al menos en Andalucía) que de base debería estar en las antípodas de mis ideales. Os voy a describir tres momentos en concreto que viví el lunes pasado para analizarlos desde un punto de vista artístico y de gestión de la energía y el tiempo escénico. Seguramente me fije en aspectos que los más expertos en la materia tienen muy asumido pero ahí van mis grandes momentos descritos desde alguien que lo ve desde fuera.

El primero quizás es el más conectado con lo popular y con la pasión espontánea que puede despertar. Eran en torno a las 23.00 de la noche, después de haber cenado íbamos de camino por la calle sin buscar ninguna procesión en particular y dio la casualidad que una de las calles principales de Córdoba estaba cortada por una gran hilera de nazarenos con sus largas velas encendidas. A lo lejos se veía que llegaba el paso y cuando estaba a menos de 10 metros se para. La gente empieza a hacer callar al numeroso público que abarrotaba la calle y de repente surge un quejío de una mujer que se planta delante del paso a cantarle al cristo que llevaba encima. Canta de una manera sobrecogedora durante unos minutos con tal entrega que incluso en una avenida relativamente grande llena de gente se perciben todos los melismas que va realizando con la voz, cuando parece que ya va a terminar el capataz, el señor que se dedica a guiar a los costaleros, da dos golpes secos sobre el paso y todas las personas que están debajo elevan al cristo al unísono despertando un gran aplauso del público. Pero no nos olvidemos de la cantaora que sigue con su saeta al tiempo que unos tambores empiezan a tocar una marcha que se funde con su voz y que sirve de señal para que los costaleros empiecen a caminar a paso rítmico. La mujer acompaña unos metros con sus últimas frases al cristo, terminando su actuación con un gran aplauso y con un abrazo acompañado de lágrimas de emoción con el capataz antes mencionado mientras la banda de cornetas comienza a entonar su marcha de Semana Santa.

Creo que de haber visto esto encima de un escenario lo calificaría de una puesta en escena y un timming escénico impresionante pero a eso se le une la impresión de espontaneidad que desprendió esta escena. No soy tan ingenuo como para pensar que esto no estuviese preparado. Seguramente la cantaora sea amiga de la hermandad y hubiesen acordado que cantara en ese punto, una avenida grande con gran afluencia de público delante de unas ruinas de unas columnas romanas, la estampa no podía ser mejor, pero se reviste con esa apariencia de improvisación y hacen el espectáculo perfecto.

La siguiente escena está más unida con la actitud escénica y la gestión de la energía. Estuve gran parte de la tarde en una esquina donde vi pasar varias procesiones, en general todas eran bastante festivas, los nazarenos interaccionaban con los espectadores y en muchos casos había niños correteando entre ellos. Cuando la música de una de estas procesiones se alejaba por la calle, justo cuando se estaba poniendo el sol, llegó una procesión con nazarenos vestidos enteramente de negro portando cruces además de las largas velas. Muchos de ellos estaban descalzos y tocaban unos tambores de sonido mucho más sordo y un gesto rítmico mucho más solemne. Aquí no hizo falta que nadie mandara callar, en cuestión de segundos la energía de ese lugar había cambiado, los niños dejaban de revolotear y la tensión había incrementado hasta tal punto de que nadie se atrevía casi ni a moverse. Solo la presencia de estos primeros nazarenos había hecho cambiar el estado festivo que vivía esa calle tan solo 10 minutos antes en algo que aparentaba ser mucho más trascendental. Una vez más, una actuación y gestión de la energía a la altura de los mejores performers.  

Por último, voy a ilustrar la que me pareció la performance más elaborada a nivel colectivo. Me llevaron a la recogida de una de las procesiones a su iglesia. Llegamos allí con algo de tiempo en previsión de que la plaza se fuera a llenar. Esto unido a que la procesión llegara con algo de retraso nos hizo estar a la expectativa en torno a una hora delante de la iglesia de San Lorenzo, una iglesia Gótico-Mudejar con un rosetón impresionante. Pasadas la 1 de la mañana empezamos a vislumbrar al comienzo de la calle la cruz de guía que marca el comienzo de la procesión. Una vez más las voces de la plaza abarrotada se fueron callando casi espontáneamente y si alguien hablaba más alto de lo debido ya se encargaba algún asistente de echar una mirada asesina. Estos nazarenos también iban con túnicas oscuras y a diferencia de todos los anteriores llevaban unos faroles preciosos en vez de las largas velas. No se escuchaba música ninguna esta vez, pero al empezar a acercarse a la entrada de la iglesia, más o menos a nuestra altura los nazarenos empezaron a recitar oraciones en grupo en voz baja, uno daba el comienzo de la oración y los demás le seguían, poco a poco parte del público también se unía a estas respuestas. Al poco vislumbramos a lo lejos al primer paso, el que llevaba al cristo. Estaba rodeado de velas y delante iban esparciendo incienso, lo que además de impregnar toda la plaza de su olor característico, unido a los faroles y a la bonita iluminación de la iglesia hacían un diseño de luces de lo más elaborado.

Sobre esta imagen visual tan potente se empieza a generar lo sonoro. Primero empiezan a sonar las campanas a un pulso regular de marcha fúnebre por encima de las oraciones que comentábamos, a los pocos minutos un coro de hombres empieza a cantar un melisma gregoriano que repiten una y otra vez a modo de ostinato. El cristo sigue avanzando con paso regular y gran parte del público toca el paso cuando lo tiene delante para santiguarse después. Cuando este primer paso está acercándose a la iglesia ya vemos a lo lejos al segundo que porta a una virgen con sus velas y con un manto de colores más claros que transforma levemente la iluminación de la plaza. Detrás de ella un coro de mujeres se une cantando melodías distintas a la de los hombres con tres o cuatro frases que repiten continuamente. Esta concepción del diseño sonoro con cuatro capas que han ido entrando con calma creando poco a poco una masa sonora súper sobrecogedora poco tiene que envidiar a procesos formales que podemos encontrar en Morton Feldman o Arvo Pärt. Poco a poco los dos pasos van entrando a la iglesia, los nazarenos y los coros se van callando y la plaza se va vaciando pero las campanas se mantienen unos minutos más recordando que ese espacio ha vivido un momento de comunión especial que algunos dirán marcado por la fe pero yo me atrevo a decir que marcado por la manifestación artística colectiva.

Esto he vivido yo en una tarde cualquiera de Semana Santa y hace reafirmarme en la idea de que el arte es uno de los mayores motores que pueden hacer mover al mundo. Esto es algo que la iglesia lo ha tenido muy claro durante toda la historia y quizás es una de las razones por las que puede sobrevivir en el mundo actual, más allá de la promesa de la vida eterna. Creo que muchos otros movimientos sociales tenemos mucho que aprender en este sentido y perderíamos una oportunidad si no diésemos la importancia que merece al poder que tiene la cultura para transmitir ideas. También me parece muy interesante cómo en esta celebración el arte se hace a través de lo colectivo y de la implicación de mucha gente. Sé que las hermandades en la mayoría de los casos son todo menos organizaciones horizontales, pero el compromiso de todos los participantes en crear estas puestas en escena (también del público) es digno de admirar. Hay que recordar que en Andalucía la tipología de gente que te encuentras en las procesiones es de lo más heterogénea y no es exclusivamente gente creyente, por ello estos días se e ocurría que no me extrañaría nada que en un par de generaciones la Semana Santa se despojara de gran parte de su vinculación religiosa convirtiéndose cada vez más en una expresión genuinamente popular.

Tengo que agradecer a Soledad Ramírez por guiarme estos días y quería invitar a que comentarais vuestra opinión y experiencia sobre la Semana Santa u otras celebraciones ya sean espirituales o populares que os hayan recordado mis relatos.

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